BUSCAR LAS COSAS DE ARRIBA colosenses

1. UN NUEVO AFECTO DE LA VIDA

A. Resucitado en Cristo

Leer: Col. 3:1:4

3 Ya que han resucitado con Cristo, busquen las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la derecha de Dios. 2 Concentren su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra, 3 pues ustedes han muerto y su vida está escondida con Cristo en Dios. 4 Cuando Cristo, que es la vida de ustedes,o se manifieste, entonces también ustedes serán manifestados con él en gloria.

El énfasis está en la relación del creyente con Cristo.
Hemos muerto con Cristo (3:3a). La mejor explicación de esta verdad maravillosa se encuentra en Romanos 6–8. Cristo no sólo murió por nosotros (sustitución), sino que nosotros morimos con él (identificación). Cristo no sólo murió por el pecado, sufriendo el castigo correspondiente, sino que murió al pecado, quebrantando su poder. Puesto que estamos en Cristo a través de la obra del Espíritu Santo (1 Corintios 12:13), hemos muerto también con Cristo. Esto quiere decir que podemos tener victoria sobre la vieja naturaleza pecaminosa que quiere controlarnos. “Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?” (Romanos 6:2).
Vivimos en Cristo (3:4a). Cristo es nuestra vida. La vida eterna no es alguna sustancia celestial que Dios nos concede cuando, siendo pecadores, confiamos en el Salvador. La vida eterna es Cristo Jesús mismo. “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:12). Somos muertos y vivos al mismo tiempo—muertos al pecado y vivos en Cristo.
Alguien ha dicho: “Lo que le motiva viene a ser la vida”. Un niño puede avivarse cuando se le habla de un juego de béisbol o un helado. A un jovencito se le despierta el interés cuando se le mencionan los automóviles o las fiestas. Pablo escribió: “Porque para mí el vivir es Cristo” (Filipenses 1:21). Cristo era la vida de Pablo y él vivía para todo lo que se relacionaba con Cristo. Eso mismo debería suceder con cada creyente.

B. MUERTOS AL PECADO      
    Leer: Col. 3:5-7

5 Por tanto, hagan morir todo lo que es propio de la naturaleza terrenal: inmoralidad sexual, impureza, bajas pasiones, malos deseos y avaricia, la cual es idolatría. 6 Por estas cosas viene el castigo de Dios.p 7 Ustedes las practicaron en otro tiempo, cuando vivían en ellas.



Haced Morir… lo Terrenal (Colosenses 3:5–9)

Pasamos ahora de lo positivo a lo negativo. Hay quienes no les gusta lo negativo. “¡Dennos doctrinas positivas!”, dicen. “¡Olvídense de toda amonestación o advertencia negativa!” Sin embargo, las advertencias y mandamientos negativos emanan de las verdades positivas de la doctrina cristiana. Esta es la razón por la que Pablo escribió: “Haced morir, pues…”.
Por más que uno hable positivamente acerca de la salud, nunca curará un apéndice perforado. El doctor tendrá que ponerse negativo y extraer el apéndice. Ningún discurso acerca de la belleza producirá un jardín. ¡El jardinero tendrá que arrancar la maleza! Lo positivo y lo negativo van juntos, y el uno sin el otro causa desequilibrio.
Puesto que hemos muerto con Cristo (v. 3), tenemos el poder espiritual para hacer morir los deseos terrenales y carnales que quieren controlarnos. Pablo llamó a esto considerarnos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús (Romanos 6:11). El Señor Jesús usó la misma idea cuando dijo: “Por tanto, si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti” (Mateo 5:29, 30).
Obviamente, ni Pablo ni Jesús hablaban de una cirugía literal. El pecado no proviene del ojo, o la mano, o el pie; viene del corazón, de los deseos pecaminosos internos. Hace cientos de años en Inglaterra, si un ladrón de carteras era condenado le amputaban su mano derecha. Si era condenado por el mismo delito la segunda vez, hacían lo mismo con la mano izquierda. Cierto carterista perdió ambas manos y continuaba practicando su delito usando sus dientes. La operación física no puede cambiar el corazón.

II. UNA NUEVA PERSONA

A. Rompe con el pecado

Leer: Col. 3:8-11

8 Pero ahora abandonen también todo esto: enojo, ira, malicia, calumnia y lenguaje obsceno. 9 Dejen de mentirse unos a otros, ahora que se han quitado el ropaje de la vieja naturaleza con sus vicios, 10 y se han puesto el de la nueva naturaleza, que se va renovando en conocimiento a imagen de su Creador. 11 En esta nueva naturaleza no hay griego ni judío, circunciso ni incircunciso, culto ni inculto,q esclavo ni libre, sino que Cristo es todo y está en todos.


Después de amonestarnos en cuanto a los pecados sensuales, Pablo señala los peligros de los pecados sociales (Colosenses 3:8–9). El Dr. G. Campbell Morgan los llamó “los pecados respetables”. Estamos tan acostumbrados al enojo, la crítica, las mentiras, y las bromas de mal gusto entre creyentes que ya no nos molestan ni nos acusa la conciencia. Nos escandalizaría que un miembro de la iglesia cometiera algún pecado sensual, pero si lo vemos perder la paciencia en una reunión de iglesia, lo llamaríamos justa indignación.
El cuadro presentado aquí es el de una persona que se muda de ropa: “despojaos… revestido” (vs. 9–10). Esto se relaciona con la resurrección de Cristo Jesús (v. 1); porque al levantarse de entre los muertos, Cristo dejó sus mortajas en la tumba (Juan 20:1–10). El había entrado en una vida gloriosa de resurrección, y no tenía necesidad de ellas. De la misma manera, cuando Lázaro se levantó de la tumba, Jesús mandó a las personas a que lo desataran y lo dejaran ir (Juan 11:44).
Las ropas mortuorias representan la vida vieja con sus hechos pecaminosos. Ahora que tenemos vida nueva en Cristo, debemos andar en “vida nueva” despojándonos de los hechos y deseos pasados (Romanos 6:4). Hacemos esto ocupando nuestra posición en Cristo, considerándonos muertos a la vieja naturaleza y vivos a la nueva.
Pablo empieza con ira, enojo y malicia—pecados de una mala actitud hacia los demás. La palabra ira es la misma que se encuentra en Colosenses 3:6, refiriéndose allí a la ira de Dios. Esta palabra describe las actitudes habituales, mientras que enojo se refiere a una manifestación repentina de ira. Dios tiene todo el derecho de airarse ante el pecado y de juzgarlo, porque él es santo y justo. De hecho, existe una ira justa contra el pecado que debe caracterizar a los creyentes (Efesios 4:26). Sin embargo, ninguno de nosotros tiene el derecho de tomar el papel de Dios y juzgar a otro de acuerdo con nuestras actitudes. Malicia es una actitud de mala voluntad hacia una persona. Si por ejemplo, nos disgustamos cuando tiene éxito, o si nos alegramos cuando tiene problemas, esto es pecado.

B. DEJESE GOBERNAR POR EL AMOR

Leer. Col. 3:12-14

12 Por lo tanto, como escogidos de Dios, santos y amados, revístanse de afecto entrañable y de bondad, humildad, amabilidad y paciencia, 13 de modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes. 14 Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto.



  La Gracia de Cristo (Colosenses 3:12–14)

La gracia es el favor de Dios para el pecador que no lo merece. Pablo les recuerda a los colosenses lo que la gracia de Dios había hecho por ellos.
Dios los escogió (3:12a). Las palabras de Dios a Israel a través de Moisés nos ayudan a entender el significado de la salvación por gracia: “No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó… y os ha sacado Jehová [de Egipto] con mano poderosa” (Deuteronomio 7:7, 8).
Este milagro de la elección divina no depende de algo que nosotros seamos o que hayamos hecho; Dios nos escogió en Cristo “antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:4). Si Dios salvara a un pecador a base del mérito o las obras, nadie sería salvo. Todo está realizado a través de la gracia divina para que todo sea para la gloria de Dios.
Por supuesto, la elección es un secreto sagrado que les pertenece a los hijos de Dios. No es una doctrina que les podamos explicar a los no salvos. “Conoce el Señor a los que son suyos” (2 Timoteo 2:19), por eso debemos dejar que él se encargue de llevar adelante sus propósitos eternos. Lo que nos corresponde a nosotros es llevar las buenas nuevas del evangelio al mundo perdido.
Dios los apartó (3:12). Ese es el significado de la palabra “santos”. Porque hemos recibido a Cristo, hemos sido separados del mundo, para el Señor. Ya no somos nuestros; le pertenecemos completamente a él (1 Corintios 6:19–20). Así como el casamiento pone aparte a una mujer y a un hombre para vivir exclusivamente el uno para el otro, la salvación separa al creyente exclusivamente para Cristo Jesús. ¿No sería una desgracia que el novio huyera con la dama de honor al término de la boda? Es igual de terrible ver a un creyente viviendo para el mundo y la carne.
Dios los ama (3:12). Cuando un inconverso peca, Dios lo ve como a una criatura quebrantando las leyes del Creador y Juez Santo. Pero cuando un creyente peca, es un hijo de Dios destrozando el corazón amoroso de su Padre. El amor es el poder motivador más fuerte del mundo. Al crecer en su amor a Dios, el creyente crecerá en su deseo de obedecerle y caminar en la vida nueva que tiene en Cristo.
Dios los ha perdonado (3:13–14). “Perdonándoos todos los pecados” (Colosenses 2:13). El perdón de Dios es completo y final; no es condicional ni parcial. ¿Cómo es posible que un Dios santo pueda perdonar a los pecadores? Debido al sacrificio de Cristo Jesús en la cruz. Dios nos ha perdonado “en Cristo” (Efesios 4:32), y no por causa nuestra.
Escogidos por Dios, apartados para Dios, amados de Dios, y perdonados por Dios. ¡Todo ello significa GRACIA! Por lo tanto, debido a estas bendiciones de gracia, el creyente tiene unas responsabilidades solemnes ante Dios. Debe vestirse de las virtudes hermosas de la vida cristiana. Pablo menciona ocho de ellas.
1. Vestíos de entrañable misericordia (3:12). Los griegos usaban la palabra entrañas porque creían que las emociones más íntimas tenían su origen en la zona intestinal, mientras que nosotros las localizamos en el corazón. Como creyentes debemos exhibir sentimientos nobles de compasión los unos por los otros (ve Filipenses 2:1–5). Esto no es algo que encendemos y apagamos como cualquier aparato eléctrico. Es una constante actitud del corazón que nos hace llevaderos con los demás.
2. Vestíos de benignidad (3:12). Hemos sido salvos gracias a la bondad de Dios a través de Cristo Jesús (Efesios 2:7; Tito 3:4). Nosotros, a nuestra vez, debemos mostrar bondad hacia los demás. “Antes sed benignos unos con otros” (Efesios 4:32) es el mandamiento de Dios
Uno de los ejemplos más hermosos de bondad en la Biblia es el trato que el rey David le hace a Mefi-boset, el príncipe lisiado (2 Samuel 9). El deseo de David era mostrar la bondad de Dios a la familia del rey Saúl, debido a su amor por Jonatán, el hijo de Saúl. Mefi-boset, el hijo de Jonatán, pobre y lisiado, fue elegido para recibir esa bondad. Si David hubiera actuado de acuerdo con la justicia, habría condenado a Mefi-boset; porque éste pertenecía a una familia maldita. Pero David actuó en amor y gracia.
David buscó a Mefi-boset y le aseguró que no debía tener miedo. Lo invitó a vivir en el palacio como miembro de su familia y a comer a la mesa del rey. ¡Así es la bondad de Dios! Nosotros hemos experimentado una bondad superior, porque siendo creyentes somos hijos de Dios y viviremos en el cielo con él para siempre.
3. Vestíos de humildad (3:12). El mundo pagano en el tiempo de Pablo no apreciaba la humildad. Al contrario, admiraba el orgullo y el poder. El más grande ejemplo de humildad se encuentra en la persona de Cristo (Filipenses 2:5–8). Humildad no es considerarse poco uno mismo. Al contrario, es tener la estimación correcta de uno mismo en la voluntad de Dios (Romanos 12:3). La persona con humildad piensa en los demás antes que en sí mismo.
4. Vestíos de mansedumbre (3:12). Ser manso no quiere decir ser débil; la mansedumbre es poder bajo control. Esta palabra se usaba para describir un viento refrescante, una medicina benéfica, y un potro domado. En cada caso, hay poder: un viento puede convertirse en una tormenta; demasiada medicina puede matar; y un caballo puede producir una estampida. Sin embargo, este poder está bajo control. La persona mansa no tiene por qué encolerizarse, ya que tiene todo bajo control.
5. Vestíos de paciencia (3:12). Esta palabra se puede traducir longanimidad. La persona impaciente habla y actúa impulsivamente y carece de dominio propio. Cuando una persona es longánima, puede aguantar o soportar, sin vengarse, cuando alguien o las circunstancias lo provocan. Es bueno poder enojarse, porque esto es la señal de un carácter santo. Pero es malo enojarse impulsiva e indebidamente y por motivos incorrectos.
6. Vestíos de tolerancia (3:13). La palabra tolerar significa detener o retener. Dios tolera a los pecadores en el sentido de que detiene su juicio (Romanos 2:4; 3:25). La humildad, la mansedumbre y la tolerancia van juntas.
7. Vestíos de perdón (3:13). Este es el resultado lógico de todo lo que Pablo ha escrito aquí en esta sección. No es suficiente que el creyente aguante el dolor y la provocación, y que se niegue a vengarse; también debe perdonar al ofensor. Si no lo hace, sentimientos de malicia se desarrollarán en su corazón; y éstos le podrán llevar a cometer pecados mayores.
El perdonar viene de Cristo (Efesios 4:32), y el perdón abre el corazón del creyente a la plenitud del amor de Dios. En el preciso instante en que tenemos una queja contra alguien, debemos perdonarle de todo corazón. (El perdón entre creyentes es otro asunto. Debemos ir al ofensor para ayudarlo en amor. Ve Mateo 18:15–35.)
8. Vestíos de amor (3:14). Esta es la más importante de las virtudes cristianas. Sirve de lazo que une a todas las otras virtudes. Todas las cualidades espirituales que Pablo menciona son aspectos del verdadero amor cristiano, como lo describe 1 Corintios 13. El amor es la primera manifestación del fruto del Espíritu, y las otras virtudes lo siguen: gozo (v. 16), paz (v. 15), paciencia, benignidad, bondad, y mansedumbre (v. 12).

III. IMITE A CRISTO
A. Honre a Cristo en todo

Leer: Col. 3:15-17

15 Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo, a la cual fueron llamados en un solo cuerpo. Y sean agradecidos. 16 Que habite en ustedes la palabra de Cristo con toda su riqueza: instrúyanse y aconséjense unos a otros con toda sabiduría; canten salmos, himnos y canciones espirituales a Dios, con gratitud de corazón. 17 Y todo lo que hagan, de palabra o de obra, háganlo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias a Dios el Padre por medio de él.



  La Paz de Cristo (Colosenses 3:15)

En este versículo, Pablo deja el tema del carácter y trata el de la conducta. ¿Cómo puede saber un creyente si está haciendo la voluntad de Dios? Una respuesta es: la paz de Cristo en el corazón. Cuando el creyente pierde la paz interior, sabe que de alguna manera ha desobedecido a Dios.
La palabra que se traduce como “gobierne” es un término de atletismo. Significa presidir en las competencias y dar los premios. Pablo usó una variación de esta palabra en su carta a los colosenses. Nadie os declare indignos del premio (traducción literal, Colosenses 2:18). En las olimpiadas griegas, había jueces (podríamos llamarlos árbitros) que descartaban a los competidores que no llenaban los requisitos, y que descalificaban a los que quebrantaban las reglas.
La paz de Dios es el árbitro del corazón del creyente. Cuando obedecemos la voluntad de Dios, tenemos esta paz interior; pero cuando nos salimos de su voluntad (aunque no sea intencionalmente) perdemos su paz.



  La Palabra de Cristo (Colosenses 3:16)

Esto es, por supuesto, la Palabra de Dios. Los falsos maestros llegaron a Colosas trayendo tradiciones hechas por el hombre, mandamientos religiosos y filosofías humanas. Trataron de armonizar la Palabra de Dios con sus enseñanzas, pero no pudieron hacerlo. La Palabra de Dios siempre exalta a Cristo Jesús.
No fue la palabra de los falsos maestros la que llevó salvación a los colosenses; fue la palabra de la verdad del evangelio (Colosenses 1:5). Esta misma palabra es la que nos da vida y nos sostiene y fortalece (1 Pedro 1:22–2:3).
La Palabra transformará nuestra vida si permitimos que more en nosotros en abundancia. La palabra “more” significa sentirse en casa. Si hemos experimentado la gracia y la paz de Cristo, entonces la Palabra de Cristo se sentirá a gusto en nuestro corazón. Descubriremos la gran riqueza de la Palabra manifestada en los tesoros espirituales que dan valor a nuestra vida.
Sin embargo, no debemos pensar que Pablo escribió esto sólo para creyentes individuales; él la dirigió a todo el cuerpo de la iglesia. Que la palabra de Cristo habite entre ustedes es una traducción posible. Al habitar en abundancia en cada miembro de la iglesia, morará abundantemente en la comunión de la iglesia.



  El Nombre de Cristo (Colosenses 3:17)

En la época moderna, no les ponemos mucha atención a los nombres. Pero en la antigüedad el nombre de una persona se consideraba de suma importancia. Con frecuencia, en los días del Antiguo Testamento, Dios cambiaba el nombre de una persona por causa de alguna experiencia importante o de algún nuevo desarrollo.
Como cristianos llevamos el nombre de Cristo. La palabra cristiano sólo se encuentra tres veces en todo el Nuevo Testamento (Hechos 11:26; 26:28; 1 Pedro 4:16). El nombre se usó inicialmente como una burla, pero paulatinamente se hizo un nombre de honor. El nombre de Cristo, entonces, significa identificación: pertenecemos a Cristo Jesús.
Pero su nombre también significa autoridad. El nombre de una persona como firma en un cheque autoriza el retiro de dinero de un banco. El nombre del Presidente usado como firma en un proyecto de ley, lo convierte en ley. De la misma manera, es en el nombre de Cristo que tenemos la autoridad para orar (Juan 14:13–14; 16:23–26). Por el hecho de que Cristo es Dios, y que él murió en nuestro lugar, tenemos autoridad en su nombre.

B. UNA CONDUCTA DIGNA DE CRISTO
 

Leer: Col. 4:5-6

4 Amos, proporcionen a sus esclavos lo que es justo y equitativo, conscientes de que ustedes también tienen un Amo en el cielo.


Instrucciones adicionales
2 Dedíquense a la oración: perseveren en ella con agradecimiento 3 y, al mismo tiempo, intercedan por nosotros a fin de que Dios nos abra las puertas para proclamar la palabra, el misterio de Cristo por el cual estoy preso. 4 Oren para que yo lo anuncie con claridad, como debo hacerlo. 5 Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo,r aprovechando al máximo cada momento oportuno. 6 Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno.

                                              CONCLUSION

Nunca se debe subestimar el poder de la palabra.
Un juez pronuncia unas pocas palabras, y está de por medio la vida o la muerte de un hombre. Un doctor dice unas cuantas palabras, y el paciente se llena de júbilo o se sume en la desesperación. Sea la comunicación oral o escrita, las palabras tienen un gran poder. Me han dicho que por cada palabra escrita en el libro de Adolfo Hitler, Mein Kamph, 125 personas perdieron la vida en la segunda guerra mundial.
El poder de la palabra es un regalo de Dios, y debe ser usado como Dios ordena. En el libro de Santiago, la lengua se compara a un freno y un timón, a un fuego y un animal venenoso, y a un árbol frutal y una fuente (Santiago 3). Estos tres pares de ilustraciones nos enseñan que la lengua tiene poder para dirigir, para destruir y para deleitar. La lengua es sólo un miembro pequeño de nuestro cuerpo, pero puede hacer grandes cosas para bien o para mal.
En esta sección corta, Pablo señala cuatro ministerios importantes de la palabra.


  La Oración (Colosenses 4:2–3a)

La oración y la adoración son, tal vez, los usos más nobles del don de la palabra. Pablo no se avergonzaba de pedirles a sus amistades que oraran por él. Aunque era un apóstol, necesitaba el respaldo de la oración por él mismo y por su ministerio. Si un gran cristiano como Pablo sentía la necesidad del respaldo de la oración, ¡cuanto más necesito yo esta ayuda espiritual! En estas pocas palabras, Pablo describe las características de una vida de oración espiritual y provechosa.



  La Proclamación de la Palabra (Colosenses 4:3b–4)

Pablo no oraba para que las puertas de la prisión se abrieran, sino que las puertas del ministerio se abrieran (1 Corintios 16:9: Hechos 14:27). Para Pablo era más importante ser un predicador fiel que un hombre libre. Vale la pena notar que en todas las oraciones de Pablo en la prisión, su preocupación no era por su seguridad personal o ayuda material, sino por carácter y bendición espiritual.
Pablo estaba en prisión por causa del misterio de Cristo que se relacionaba con los gentiles (ve Efesios 3:1–13). El misterio comprendía el propósito de Dios para los gentiles con relación a Israel; porque en la Iglesia, los judíos y los gentiles son uno solo (Efesios 2:11–22). Lee el relato del arresto de Pablo en el templo judío (Hechos 21:18–22:30). Observa que los judíos escucharon a Pablo hasta que mencionó la palabra gentiles (22:21–22). La preocupación de Pablo por los gentiles, y su ministerio entre ellos era la causa por la que se encontraba en prisión.



  La Evangelización de los Perdidos (Colosenses 4:5–6)

“Con los de afuera” se refiere a aquellos que están fuera de la familia de Dios. Jesús hizo distinción entre sus discípulos y los que estaban fuera (Marcos 4:11). Pablo también hizo esta misma distinción (1 Corintios 5:12–13). Los que hemos nacido de nuevo somos los de dentro porque pertenecemos a la familia de Dios y participamos de su vida.
No obstante, los creyentes no debemos tener un santo complejo de superioridad. Tenemos la responsabilidad de testificarles a los perdidos que nos rodean y procurar traerlos a la familia de Dios. En primer lugar, tenemos la responsabilidad de “andar sabiamente” (Colosenses 4:5). Andar se refiere, por supuesto, a nuestra conducta diaria. Los que están fuera observan nuestra conducta y están prestos a criticarnos. No debe haber nada en nuestra vida que comprometa nuestro testimonio.
Se ha relatado frecuentemente la historia del Dr. Will H. Houghton, quien fuera pastor de la Iglesia Bautista El Calvario en la Ciudad de Nueva York y más tarde sirvió como Director del Instituto Bíblico Moody hasta su muerte en 1946. Cuando el Dr. Houghton llegó a ser pastor de la Iglesia Bautista El Tabernáculo en Atlanta [el estado de Georgia, EE.UU.], un hombre de esa ciudad contrató a un detective privado para que siguiera al Dr. Houghton e informara de sus actividades. Después de unas semanas, el detective pudo informarle a aquel hombre que la vida del Dr. Houghton igualaba a su predicación. Como resultado, ese hombre llegó a ser creyente.
¿Qué significa andar sabiamente? Por una parte, significa que debemos tener cuidado de no decir o hacer nada que dificulte la proclamación del evangelio. También significa estar alerta a las oportunidades que Dios nos da para testificarle a una persona. “Aprovechando bien del tiempo” significa aprovechar las oportunidades (Efesios 5:16). Este es un término comercial y describe al creyente como un fiel administrador que reconoce las oportunidades cuando se le presentan. Así como un comerciante aprovecha una oferta cuando la encuentra, un creyente aprovecha la oportunidad para ganar un alma para Cristo.


Contenido del libro completos en Cristo por Warren W. Wierrsbe